Autor: Luis Fernando Sierra Rojas

Todo sentimiento acaba por hacerse realmente visible

Divagando entre sentimientos.  
Percatándome de la clase de modelos que son,  
que se acogen como vicios por encima nuestro 
en fuentes de coalición para seres frágiles. 
Me encuentro con una presencia fisgona que ronda los lugares públicos, 
los cafés, los cines, los comercios; 
es el espíritu del histrión. 
Con su patético melodrama y de apariencia abyecta 
anda buscando desvirtuar las palabras. 
Solo un engorroso en busca de suplantación 
que estropea el camino de los que ahora trascienden 
la morbidez de los sentimientos. 
El mismo espíritu que rondó en muchos de los poemas de amor, 
en muchos de los libros que hablan de alegrías y tristezas, 
en muchos de los cuadros célebres, 
oriundo de teatros y parafernalias, 
dándole su propia interpretación al odio y a los afectos de la humanidad, 
a las pasiones y aversiones.
¡Hostilidad a tales pantomimas 
quienes hablan de sentimientos en medio de intranquilas amenazas de conciencia 
ya tienen de por sí algo de histrión! 
¡Impávidos a tales manifiestos de entraña! 
Adagios falaces de innumerables juicios morales 
que han conspirado en nuestra contra 
con el menester de imponernos un rostro, un aspecto. 
¡No creas siempre en comportamientos de tal laya! 
Desinhíbete y cultiva la sensatez y la austeridad. 
Recoge los sentimientos ilusorios, congélalos, 
atenúalos para solidificar otras nuevas sensaciones 
y no andar con revelaciones ni reflejos de almas desconocidas. 
Es por eso que se ha identificado a los afligidos, 
a los miserables y a los que les llaman desalmados. 
No basta un rostro para identificar si nos quieren, 
nos odian o si se sufre.
Antes que los ojos puedan ver 
tienen que ser incapaces de llorar 
ante la falsa estampa de los sentimientos 
que dejan como resultado la exterioridad física.