Autor: Luis Fernando Sierra Rojas

Todo sentimiento acaba por hacerse realmente visible

Divagando entre sentimientos.  
Percatándome de la clase de modelos que son,  
que se acogen como vicios por encima nuestro 
en fuentes de coalición para seres frágiles. 
Me encuentro con una presencia fisgona que ronda los lugares públicos, 
los cafés, los cines, los comercios; 
es el espíritu del histrión. 
Con su patético melodrama y de apariencia abyecta 
anda buscando desvirtuar las palabras. 
Solo un engorroso en busca de suplantación 
que estropea el camino de los que ahora trascienden 
la morbidez de los sentimientos. 
El mismo espíritu que rondó en muchos de los poemas de amor, 
en muchos de los libros que hablan de alegrías y tristezas, 
en muchos de los cuadros célebres, 
oriundo de teatros y parafernalias, 
dándole su propia interpretación al odio y a los afectos de la humanidad, 
a las pasiones y aversiones.
¡Hostilidad a tales pantomimas 
quienes hablan de sentimientos en medio de intranquilas amenazas de conciencia 
ya tienen de por sí algo de histrión! 
¡Impávidos a tales manifiestos de entraña! 
Adagios falaces de innumerables juicios morales 
que han conspirado en nuestra contra 
con el menester de imponernos un rostro, un aspecto. 
¡No creas siempre en comportamientos de tal laya! 
Desinhíbete y cultiva la sensatez y la austeridad. 
Recoge los sentimientos ilusorios, congélalos, 
atenúalos para solidificar otras nuevas sensaciones 
y no andar con revelaciones ni reflejos de almas desconocidas. 
Es por eso que se ha identificado a los afligidos, 
a los miserables y a los que les llaman desalmados. 
No basta un rostro para identificar si nos quieren, 
nos odian o si se sufre.
Antes que los ojos puedan ver 
tienen que ser incapaces de llorar 
ante la falsa estampa de los sentimientos 
que dejan como resultado la exterioridad física.

 Taxista

“Lleve a Betsy a la cafetería Child’s en la plaza colón, me tome un café negro con tarta de manzana y una rodaja de queso fundido, creo que fue buena elección. Betsy se tomo un café y una ensalada de fruta. Pudo haber pedido lo que hubiese querido…”

Palabras de un ser entusiasta después del cortejo,
palabras que merecen ratificación.

Mitad realidad, mitad ficción, nadie jamás entendió su índole,
ni sus trayectos revelaron jamás un camino.
Paseado en nebulosas calzadas de bruma,
en noctámbulos juegos de luz, entre semáforos y artículos de consumo
infestadas calles de Nueva York
la más pura contradicción. 

Hecho un observador como todo solitario,
Descocado en crapulosos cinemas, en neones y ropas que vistieron los 70’s
Solo un enamorado errante pero decidido.
Con su vacío indescifrable, buscaba llenar su diario personal
esperanzador brillo del sol
la mas pura contradicción.

En su oficio poco se empeño
Aguardaba solo por el sueño reconciliador.
Enfadado y loco, se trataba solo de un hombre haciendo frente a la escoria, a la basura, 
con su modelo de caparazón amarillo.
Un chalado en conquista de una mujer fría y distante como él mismo la nombro.
Mujer de impresión que bien o mal le consintió una propuesta a semejante arriscado.

Se le vio caótico, algunos lo definieron de fascista, otros de héroe.
De violencia dibujaron la lluvia que limpiaría las aceras.
Solo un impulso, insolente y burlón movimiento
la salvación o la catástrofe
el amor o el odio
sencilla y llanamente
la mas pura contradicción.
Es mejor ser una larva.

Bajo el inmenso rocío, sobre una ligera cubierta de fina escarcha,
regocijado y pasivo te encuentras.
Inasequible, intocable,
de sentido ileso,
solo deseando ser tú mismo,
porque solo en ti esta la luz del mundo e incapaz eres de desvirtuarlo.
Inmersa luz que en tu seno yace,
de ansias colmadora, de llama encandilada,
haciéndote menos cándido, perseguidor en sí, deseoso en sí.
Entonces; ¿cómo no perderse en los límites de sí mismo para percatarse de cuan inalcanzable luz?
Así desciendes de todo pedestal mundano con total convencimiento
tramado por trepar desde las más recónditas profundidades, acumulando energía, entre hábitos,
entre lo que está y no está a tu alcance, 
aproximándote a esa luz de intenso fulgor, intocable, voluptuosa y sugestiva, 
semejante llama que al tocarla aliena, para prescindir de toda personalidad y evocar al principio; 
súbita experiencia sensitiva de rocío inmenso.


Seguirás adelantando el paso, probando toda experiencia,
deseando arder en potencia,
sensible,
husmeante,
oruga rastrera,
crisálida ávida por volar el cielo surcado,
sin maestros ni profetas, ni videntes, ni santos,
juez de sí mismo y consejero.
Y es ahí, después de atravesar la flameante luz,
que en la misma llama te consumes, tu anatomía de ninfa se quema,
se incinera dentro de algo que te ofreció eternidad,
algo de naturalidad infinita,
algo de orates, algo que acabo con todos tus deseos.
¿ Es esto lo que quieres encontrar sumergiéndote en los límites de la intimidad y la razón?

Vendrás de hecho sin verdad alguna, 
insuficiente al paso, prosternando ante la misma llama 
y al cielo que te vio caer
a todo adorador de exterioridades, de patrones, de abalorios, 
lejos de todo sacrificio y toda devoción,
sosteniendo roles que te confunden tras lo oculto.
Travieso, mudable. 
Tú que rastrero andabas con fardos de filosofías
hallaras valor a la  “no-verdad”, a todo infortunio,
manifestaciones de un ser precario de realidades obtusas, 
carente de interés, animal infructífero y simple, hallazgo sin poso
independiente al sufrimiento, separado de ubres de mama, 
eclosión de movimientos larvados,
transformado en particular aleteo, 
singular mariposa que pulula en la nada. 




En la bruma

Impulsados por el músculo cardiaco,
palpitantes deseos redoblan como extensión de un cuerpo mimetizado.
Acelerando el ritmo,
luchando en duros guiños del espíritu libre.
Frondosos picos atraviesan los trineos halados por licántropos.
En la bruma,
acechantes miradas de lobo brillan.
Millones de células nerviosas desconectadas del mundo exterior,
yacen en los túneles del inconsciente desdeñando en aullidos de hombre,
 revocando el efecto de tu parte más débil.
En lo alto oradas una parte del pasado.
Ese desvanecido y prematuro corazón emerge de la caverna,
de la gruta.
Un cuarto de vida remolca hacia el valle del hielo y lo reclama. Al despertar de la madrugada,
por la fidelidad a la vida.

Fidelidad de lobo con zanca de predador,
por el mas impetuoso deseo de la existencia.
 Esa parte del cuerpo que demanda libertad,
entre pardos paisajes de sueños caídos escudriñas.
En la niebla, tras siluetas del rebaño aguardas frío y sano corazón.

De ojos al infinito te imagine una noche;
dulce hechicera qué harías con mi corazón que
apoyada en él te vi con el mástil de tu embeleso.
¿Te imaginaste algún día recostada en las entrañas de una alimaña?
Estarías entonces empalidecida en tu linaje.

 Ahora corres ansioso corazón hacia la luna siendo un predador.
¡Que acostumbrado te has hecho para viajes de tan larga distancia!
En ocasiones un lobo parece esconderse bajo la luna; es su luz,
esa luz calina que toco un día tu frente que tan solo acompaña
 para olvidar dulce hechicera,
para olvidar. Que por encima en lo alto colindan en el valle de alegrías y latidos
 una legión de lobatos con el firmamento
esperando mi llegada para seguir de largo.

Gigantesco astro que has sido vida en la tierra,
 solo una cosa pido:
Si acaso ves un día semejante corazón en la orilla, en la saliente,
es solo que del vacío surgió.
Deja entonces que sea él mismo  quien se mantenga erguido
o se tumbe de nuevo a los confines del mundo.