Todo sentimiento acaba por hacerse
realmente visible
Divagando entre sentimientos.
Percatándome de la clase
de modelos que son,
que se acogen como
vicios por encima nuestro
en fuentes de coalición para seres frágiles.
Me encuentro
con una presencia fisgona que ronda los lugares públicos,
los cafés, los cines,
los comercios;
es el espíritu del histrión.
Con su patético melodrama y de
apariencia abyecta
anda buscando desvirtuar las palabras.
Solo un engorroso en
busca de suplantación
que estropea el camino de los que ahora trascienden
la
morbidez de los sentimientos.
El mismo espíritu que rondó en muchos de los
poemas de amor,
en muchos de los libros que hablan de alegrías y tristezas,
en
muchos de los cuadros célebres,
oriundo de teatros y parafernalias,
dándole su
propia interpretación al odio y a los afectos de la humanidad,
a las pasiones y
aversiones.
¡Hostilidad a tales pantomimas
quienes hablan de sentimientos en medio de intranquilas amenazas de conciencia
ya tienen de por sí algo de histrión!
¡Impávidos a tales manifiestos de entraña!
Adagios falaces de innumerables juicios morales
que han conspirado en nuestra
contra
con el menester de imponernos un rostro, un aspecto.
¡No creas siempre
en comportamientos de tal laya!
Desinhíbete y cultiva la sensatez y la
austeridad.
Recoge los sentimientos ilusorios, congélalos,
atenúalos para
solidificar otras nuevas sensaciones
y no andar con revelaciones ni reflejos de
almas desconocidas.
Es por eso que se ha identificado a los afligidos,
a los
miserables y a los que les llaman desalmados.
No basta un rostro para identificar si nos quieren,
nos odian o si se sufre.
Antes que los ojos puedan ver
tienen que ser incapaces de llorar
ante la falsa estampa de los sentimientos
que dejan como resultado la exterioridad física.
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